Guilad
Shalit volvió a casa.El verlo sonriente, aunque muy delgado y muy pálido, del
lado israelí, eso es lo central. “Ven, papá y mamá están aquí”, le dijo el Primer
Ministro Benjamin Netanyahu poco después de saludarlo y darle la bienvenida a
Israel. Y eso es lo central. Volvió al seno de su familia, de su pueblo, del
país que lo esperó expectante y contuvo el aliento muchas veces preocupado por
su destino.
Luego, el
abrazo con su padre, Noam. Y más en privado, en una pieza cerrada, el
reencuentro también con su madre Aviva, con la que tantas madres se
identificaron en Israel en los últimos años.
Pero más
allá de la felicidad personal de la familia y del propio Guilad, su regreso es
un evento nacional.Y el significado de todo lo que lo envuelve, de todo lo
acontecido, es un reflejo de la singularidad de Israel.
Y todo eso,
es un motivo de orgullo.
Las dudas ,
los temores, las quejas y las reservas por el duro precio pagado para recuperar
a Shalit-la liberación de numerosos terroristas responsables de cruentos
atentados mortales- son parte de la ecuación. Pero son , afortunadamente, sólo
una cara de la moneda. Clave, importante, cargada de dolor.Pero sólo una. La otra,
la que garantizó el regreso de Guilad a casa, es la de la disposición a tomar
riesgos y a correr peligro, político y
militar, para salvar a un soldado que estaba en misión oficial y no podía ser
dejado, abandonado, detrás de las líneas enemigas.
El regreso
de Guilad es un pedestal a la moral del
Estado y de las Fuerzas de Defensa de Israel, por su responsabilidad para con
los suyos. Fue un deseo de garantizar a los jóvenes soldados hoy o mañana en
servicio militar obligatorio, que no están ni estarán solos. No se les promete
pagar siempre cualquier precio, pero sí hacer lo máximo posible para
devolverlos a casa.
Está
relacionado al valor a la vida que se da en Israel. Se expresó hoy aquí con
feliz resultado, y se expresó en muchas otras ocasiones, mucho más trágicas, al
quedar en claro que Israel para recordar a los suyos y perpetuar su memoria , no
pide venganza, sino que opta por gestos
que apuestan a la vida. Así fue tras varios de los atentados terroristas . Una
sala de bibilioteca en memoria de los jovencitos asesinados en junio del 2001
en el atentado de la discoteca “Dolphinarium” en Tel Aviv, instalada en su
liceo. Un centro de tratamiento a niños discapacitados, en Jerusalem, en
recuerdo a Najshon Wachsman, secuestrado y asesinado por Hamas en 1994. Y
muchos ejemplos más.
De por
medio está también esa vivencia de “juntos” que es tan típica de Israel, el
pueblo israelí movilizado por su propia decisión, como si Guilad fuese el hijo
de cada uno. Lo era en el sentido que todos aquello que cumplen servicio
militar obligatorio, corren por cierto un gran riesgo. No menos corría el
ciudadano común expuesto a las bombas de
Hamas.
Por eso
eran miles y miles los israelíes agolpados ayer a los costados del camino
conducente a Mitzpe Hila, la pequeña localidad de la Galilea en la que vive la
familia Shalit Llenaron la calle de flores blancas, que alguien donó al pueblo
para alegrar el regreso de Guilad. Y las banderas….un sinfín de banderas..un
verdadero festival en el que jóvenes y mayores coreaban al unísono, felices,
rítimicamente : “Guilad Shalit volvió sano y salvo!”. Con la misma fuerza, pero
sin esa alegría, corearon en manifestaciones y marchas: “El pueblo quiere
recuperar a Guilad Shalit”.
De norte
a sur llegaron los israelíes a acompañar
a Noam y Aviva Shalit en su lucha, en sus marchas, en sus actos. No todos
concordaron. Muchos pensaban que era mejor no salir tanto a la calle, que
mostrar cuan central era el tema para el país todo, no haría menos que subir el
precio a exigir por los terroristas a cambio de Guilad. Pero los israelíes no
se podían aguantar. Se reclutaron a si mismos para estar presentes, para
apoyar, para lograr la liberación de Guilad.Gente que jamás lo vio y que sintió
la necesidad de estar, simplemente de estar con él en un momento tan feliz, así
como estuvieron durante los años de angustia.
Y ayer
lloraron cuando apareció en la pantalla de televisión la primera imagen de
Guilad, saliendo de un coche de Hamas y pasando a manos de Egipto. Y de orgullo
al verlo uniformado, erguido, como soldado en las Fuerzas de Defensa de Israel,
al ser recibido por el Primer Ministro y por el Comandante en Jefe del
Ejército. Y como todos son parte de todos, hasta el saludo de Netanyahu y del
Tte. Gral. Beni Gantz fue distinto al que se podía esperar de figuras en sus
respectivos puestos. Primero un apretón de manos, pero luego un abrazo
paternal, una mirada feliz de verlo de
cerca.
En camino a
encontrarse con su padre , Guilad iba acompañado por ambos..El Jefe del
Ejército le acarició varias veces la cabeza, le dio unas palmadas
cariñosas en la espalda, como si fuera
su propio hijo. Y horas antes, minutos después de haber pisado territorio
israelí, se le acercó un Brigadier General y le dijo: “Guilad, bienvenido. Me
llamo Itzik. Soy el médico jefe de Tzahal”..Itzik…el nombre de pila…un
Brigadier General…
Israel
tiene hoy mucho de lo que estar
orgulloso. Los sucesos de estos días, y muy especialmente el digno regreso de
Guilad Shalit, hasta la cordura y buen criterio con los que respondió a una extrañísima
entrevista de la televisión oficial egipcia antes de ser transferido a Israel,
daban motivos para ello. Cuando tenía a figuras centrales de Hamas a sus
espaldas, al preguntarle la cronista egipcia si ahora él luchará por la
liberación de otros 5 mil presos palestinos en cárceles israelíes, Guilad no
perdió el sentido común al responder: “Me alegrará que todos sean liberados”,
dijo.”Pero si no vuelven a atacar a Israel, para que no haya más guerras y
conflictos entre israelíes y palestinos”.
Los problemas
no son pocos, Israel lejos está de ser perfecto y hay varias cosas que bien
haría en corregir.Pero hoy nos aferramos a lo bueno, a lo destacable, a lo tan
poco común quizás en otras sociedades, y tan evidente en la israelí, a esa
vivencia compartida por todos en un día singular para el Estado de Israel, a
esa sensación de historia que se vivió a lo largo y ancho del país, por el
hecho de haberse recuperado a uno de sus hijos, Guilad Shalit, que volvió a
casa.